domingo, 25 de enero de 2015

Propósito de COMPARTIR

Cuando el mundo de alguien cambia a mejor, el universo entero da un pequeño cambio a mejor.
El pasado 18 de Diciembre, día de mi cumpleaños, recibí una enorme cantidad de emotivas felicitaciones. Todas eran de amigos, aunque a muchos de ellos no los conozco personalmente. Aquel día inicié una serena reflexión sobre mi vida, mi trabajo y el camino que a partir de ese momento debía seguir.
Han sido varios días de meditación y reflexión, en el que he tenido ocasión de hacer un recorrido por lo que ha sido mi trabajo hasta este momento y llegar a la conclusión de cómo quiero que sea de aquí en adelante.

En primer lugar, tengo que decir que siento la satisfacción plena de trabajar y estar dedicando mi tiempo a lo que amo. Llevo un cuarto de siglo diseñando y haciendo realidad espacios, muebles, elementos arquitectónicos y eventos para distintos clientes. Clientes que, muchos de ellos, se han convertido en buenos amigos. Siempre he podido sentir que estaba dando lo mejor de mí. Y siempre he seguido mi propia filosofía de trabajo: “Hacerlo todo bien, primero; y mejor, a continuación.” Sé que mi trabajo ha sido útil a quien lo ha recibido y también sé que mis clientes han percibido, al menos, una parte de la felicidad que he sentido durante el proceso de creación.



Creo que ahora es el tiempo de COMPARTIR. Mis trabajos han cumplido o cumplen un propósito personal y particular, pero estoy convencido de que también pueden cumplir un propósito aún más satisfactorio: ser útiles, ser usados o servir de inspiración a otras muchas personas. Es por esto que, después de haber reflexionado sobre ello profundamente, decido que mis trabajos, publicados aquí y en otros medios de Internet, sean de dominio público, porque yo los cedo gustosamente a toda la humanidad.




Deseo que sigan acudiendo a mí, como hasta ahora, clientes que sepan valorar la satisfacción única de disfrutar de un proyecto ideado, diseñado y creado a su medida; de una obra original; de una pieza acabada bajo la supervisión y con el amor del propio autor en todo el proceso. Personas con sensibilidad, que como yo, disfrutan del placer de contemplar una pintura en un museo sentados ante ella en silencio; que se emocionan al escuchar una canción en un concierto en directo; que perciben la paz y la tranquilidad que invade el alma cuando conectan con todos sus sentidos con el discurrir de un arroyo virgen en plena naturaleza…

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